Lo sé. Tu vista se nubla a media tarde. Lees dos párrafos y ya te pesan los ojos. Te duele la cabeza al final del día.
Parpadeas. Te acercas a la pantalla. Aprietas los ojos y te vuelves a alejar porque no consigues enfocar.
Y empiezas a pensar que quizá necesitas gafas nuevas.
Pero no es eso.
No es que tus ojos estén fallando. El problema no son tus ojos.
El problema es cómo los estás usando cada día.
Tus ojos están cansados de forzar. De sostener pantallas, tensión y prisas durante horas sin que nadie nos haya enseñado otra forma de mirar.
Y eso, meu ben… acaba pasando factura.
La mayoría de personas viven normalizando síntomas que no son normales: ojos secos, visión borrosa, fatiga constante, dolor al leer, dificultad para enfocar…
Y nadie les explica algo básico:
No ves solo con los ojos. Tu visión es el reflejo de tu estado interno.
Cuando vives en tensión, tu mirada también se tensa.
La tranquilidad de saber que lo que haces tiene sentido y le sienta bien a tu vista
No porque sea mágico. Sino porque es coherente con cómo funciona tu sistema visual.
Sientes que tus ojos están cada vez más cansados Sientes molestias y te cuesta enfocar Usas gafas o lentillas y no quieres depender solo de ellas Pasas muchas horas frente a pantallas Quieres empezar a cuidarte con una guía clara y honesta
te acompaño desde laexperiencia
Después de toda una vida con problemas visuales y de perder la visión de un ojo durante un tiempo, entendí que la vista no falla porque sí.
Descubrí que la forma en la que usamos los ojos, el ritmo al que vivimos y la tensión que acumulamos, influyen mucho más de lo que nos han contado.
Hoy acompaño a personas que ven mal a entender su visión, a tomar decisiones reales para mejorarla y a empezar a cuidarse con más calma, claridad y criterio.